La vida de un creador tiene siempre momentos definitivos. El encuentro con un maestro, la contemplación de una obra como una revelación, una vuelta en el curso de la historia sentimental, la muerte, un viaje. Pueden estos momentos ordenarse poco a poco e ir trazando una ruta de manera discreta y constante. O pueden los momentos ser uno solo, y concentrarse en un evento único. Un parteaguas. Para Rocío Gordillo fue así, y dicho parteaguas lo constituyó un viaje. Rocío hace una clara división entre lo que era ella antes y después de él. Y junto a Rocío, su obra. Conversar con ella revela que el cambio fue un salto sin dolor, casi gozoso, desde un lugar donde el desorden era forma habitual, hasta un lugar en el que la paciencia, el flujo ordenado de las cosas, la dirección, parecen ser una razón de vida –o de obra–, a juzgar por el deleite que le significa hablar de ello.
"Antes tenía una ceguera de la que no me percataba, hacía cosas sin darme cuenta, todo era caótico en mi vida personal, y mi trabajo era un reflejo de ello: composiciones muy barrocas, collages, objetos". Rocío Gordillo alude a ese pasado también con amabilidad, considerándolo un paso necesario para acercarse a lo que sería más tarde. A lo que es hoy. "Ahora la observacion es un ingrediente básico para lo que hago". Esa observación, que en ella es minuciosa en extremo, es el centro de lo que le da forma a su obra. "En mi caso es un requisito tener claro lo que estás haciendo. Que tenga sentido y cierta funcionalidad". El viaje de una visión ambigua del mundo, a la búsqueda del detalle a partir de la observación paciente. "Cuando era niña recolectaba cosas, cargaba una bolsita llena de objetos inservibles. Esa manía la traje conmigo hasta hace unos años, una etapa en la que recolectaba plásticos, objetos, lo que fuera. Antes del viaje no pintaba. Hacía collage y mi obra en esa etapa carecía de orden, dirección, temática, sentido. Era muy caótica y pareciera que el único objetivo fuera acumular cosas sin orden. Ahora es fundamental para mí encontrar prácticas que me hagan observar atentamente lo que hay alrededor. Llegó el momento en que empecé a fijar mi atención en las cosas mínimas". Y el resultado es obvio. "Lo que hago parte de una construcción de pequeños detalles, Me obsesioné por esos detalles para llegar a la forma". Hace falta ver su obra de los últimos años para ilustrarlo. Rocío Gordillo convierte lo mínimo en objeto merecedor de ser apreciado en una escala que lo dignifique por su cualidad estética. Una defensa de lo olvidado que parece venir de proyectos anteriores, como Antrópodos Enamorados y que pasa por una recontextualización de lo repulsivo. "En el día a día también ignoras las cosas más insignificantes. Como la mosca. Trabajo en la temática de los insectos justo por eso. En un contexto cotidiano las moscas son asquerosas, pero yo no lo creo así. Me gusta obsesionarme en cosas que son feas y despojarlas de esa cualidad. Buscar la belleza en el detalle. Llevar a juicio cómo la sociedad implanta deberes. Romper con eso y ponerle atención al desecho".
Al trabajo de Gordillo parece definirlo la obsesión. El orden. Dicho orden no está peleado con el impulso. "La intuición es totalmente mental, parte de darte cuenta de qué es lo que te mueve. La claridad en el discurso del artista es consecuencia de un proceso, y va acompañado de una claridad en la vida propia". Entonces en su obra conviven un trabajo minucioso y preciso con un discurso que tiene la intención de transgredir. "A pesar de que parece que me interesa una solución completamente fotográfica, el resultado al final no lo es. No es totalmente hiperrealista. Tiene un toque caricaturesco. Y junto a esa necesidad de reproducir el mundo a detalle, la herramienta que utilizo para romper el orden es temática. Esas estrategias de salida que no utilizo en la técnica, las encuentro en el discurso". En las Apropiaciones Perversas se hace de obras de artistas que le gustan, "no como una critica, sino como un homenaje. Las piezas de las que me apropio de por sí tienen un contexto controversial. Piezas de artisitas contemporáneos que han sido muy criticados, con una carga sexual fuerte". A ellas les incluye una particular idea de la sexualidad y de cómo la vemos. "La religión sigue siendo un factor importante en el crecimiento de toda persona. Yo fui educada en un contexto católico y eso me afectó. Quería romper con ello de manera humorística".
La fealdad en un entorno pulcro es una invitación. Lo es también el proceso de pasar horas frente a un lienzo (no hay gozo mayor para ella) dándole vida a formas repulsivas por dogma. Llevarlas al terreno de lo bello y ahí llegar con un nuevo cuestionamiento. Parece que Rocío Gordillo está decidida a hacernos unas cuantas preguntas sobre lo que vemos y cómo lo vemos. A la reflexión por el camino de la observación. Como en un viaje de ella, que también podría ser el nuestro.
En portada:
Excitación sobre Vanesa Beecroft
2009
En artículo:
Detalle de En realidad no es tan feo
Acrílico y óleo/tela
60x180 cm
2007
La emersión de un nuevo amor
Acrílico y óleo/tela
25x20 cm 2008
Detalle de En espera de…
Acrílico y óleo/tela
100x100 cm
2008